Las redes sociales que callaron a Trump

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A partir del cierre de la cuenta de Twitter de Donald Trump, después de que partidarios del presidente asaltaran el Capitolio el 6 de enero -presuntamente incitados por los mensajes públicos del mandatario-, la decisión fue celebrada por unos y denunciada por otros.  Y no ha sido la única cuenta en censurarse, cantantes, actores, influencers y otras personalidades y usuarios del mundo, incluyendo a Patricia Navidad y León Larregui en México, han sido suspendidas, debido a infracciones a las políticas de la empresa Twitter, como la “desinformación o diseminación de información falsa” que atenta contra el bienestar de las personas.   Gente de todo el mundo, incluyendo mandatarios de grandes países, han celebrado o condenado estas decisiones, argumentando que o se viola la libertad de opinión o las redes sociales sirven para sembrar el odio, incitar al ataque, desinformar y perjudicar el bien común, al sesgar la visión de sus usuarios.   

Para otros, sin embargo, lo más preocupante es precisamente que una empresa privada haya podido “mandar a callar” al que se supone es el hombre más poderoso del mundo, el mismo que, con su presencia en redes sociales, era capaz de llegar a más de 80 millones de usuarios.  Aunque Twitter es una empresa privada, y al formar parte de esta red, de manera voluntaria se aceptan totalmente sus términos y condiciones de uso, el debate entre quién debería moderar o monitorear la información y mensajes que se comparten de manera pública en estos medios, también ha dividido las opiniones; ya que algunos creen que el sector privado no debería definir esto con el riesgo de utilizar este poder a su beneficio, otros afirman que las personas deben poder elegir qué contenidos consumen, dejándolo a su criterio; otro grupo está a favor de que el estado regule estas normas y otros, al contrario, creen que es peligroso que el Estado censure la opinión e información difundida, utilizando esto como beneficio político de la facción en el poder.  Se han visto muchos ejemplos en Rusia y China de empresas privadas que se han convertido en las mejores amigas del Estado y facilitadoras de la censura, por lo que se duda que una empresa privada, con gran poder económico e informativo, sea un moderador neutral entre el Estado y los ciudadanos.   

Contrariamente, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, exhortó al gobierno de Joe Biden a sumar fuerzas contra “los costados oscuros del mundo digital”, a los que consideró en parte responsables del ataque al Capitolio.  

Igualmente, están las situaciones ya mencionadas, en las que personalidades públicas, como cantantes, actores, influencers, etc., son capaces de propagar ideas e información falsa que sus miles de seguidores asumen como verdadera, y que a veces siguen al pie de la letra, perjudicando su salud y la salud de otros. Como afirmar que las vacunas no sirven más que para controlar o dar remedios caseros para el covid-19. Las redes sociales ya tienen casi 20 años de existencia, y aún no tenemos clara una legislación o reglamento de su uso, fuera del ámbito técnico. Con todo el mundo involucrado, los países deberían analizar conjuntamente cómo proceder con este tema, que si bien se derivó de la tecnología, se transformó en un debate político y social con afectaciones a muy gran escala. Tú, ¿qué opinas al respecto? ¿Quién debería mediar los intercambios de información en las redes sociales?