Cuento de vida

Hay un relato sobre un rey que no tenía hijo para sucederle en el trono.
Entonces decidió convocar a sus consejeros más cercanos y dio a cada uno una semilla para plantar, diciéndoles: “Aquel que cultive mejor el árbol que hay dentro de estas semilla, reinará sobre mi reino después de mi”.
Pasaron los años y llegó el momento de renunciar a su trono. El rey llamó a sus consejeros al jardín real para revisar su trabajo. Todos los árboles estaban gloriosamente frondosos y coloridos, excepto uno que ni siquiera habría brotado.
El rey se acerco al jardinero del árbol que no había brotado y le preguntó qué había sucedido.
“su majestad, hice todo lo pude. Regué la semilla a diario, le hablé con amor, utilicé los mejores nutrientes y me aseguré de que recibiera luz solar durante horas. Siento haberle decepcionado, pero ni una sola raíz ha brotado”.
“Hijo mío”, respondió el Rey, “tú serás el próximo rey”.
Los consejeros  miraron al rey con asombro. El rey continuó hablando: “Verán, en lugar de darles una semilla di a cada uno de ustedes una pequeña y suave piedrecita… La mayoría de ustedes no pudieron soportar la idea de fracasar, de no ser los mejores, así que plantaron una semilla “verdadera”.
Sólo uno de ustedes ha tenido la integridad y honestidad suficiente para hacer lo que pudiera con lo que le fue entregado. Este hombre será su próximo rey”
Comparto esta historia con ustedes porque ilustra con claridad de qué se trata ser un maestro, y todos somos maestros. N o se trata de campanas y silbatos. No se trata  de buena apariencia o de palabras muy elaboradas. Se trata de honestidad, integridad, y dedicación. Es la buena voluntad para sacar lo mejor de lo que se te ha dado, aunque no parezca lo apropiado. A veces significa trabajar duramente y por largo tiempo en una relación, sin obtener siquiera un “gracias”.
Esta semana, mide el trabajo espiritual que haces en silencio. El silencio es lo que magnifica el “ruido” que hacemos en el mundo.

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